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Militares venezolanos opositores salen de la embajada de Panamá en Caracas

Militares venezolanos opositores salen de la embajada de Panamá en Caracas

En conversación con la agencia AP, los coroneles Illich Sánchez y Rafael Soto se negaron, por razones de seguridad, a revelar cómo y cuándo salieron de Venezuela.

Los dos oficiales sobresalientes parecían ideales para la misión de alto riesgo, habiendo subido de rango a una posición confiable con control directo de las tropas y contacto regular con los principales ayudantes de Maduro.

En su relato, los dos viejos amigos se desilusionaron al ver la devastación de la economía de Venezuela y comenzaron a planear secretamente para eliminar a Maduro.

El 30 de abril, se desplegaron con tanques y efectivos fuertemente armados en un puente en el este de Caracas, junto a Guaidó y al activista opositor Leopoldo López, a quienes liberaron de un arresto domiciliario que consideraban ilegítimo.

En la misiva, el Gobierno panameño indicó que "en el mes de julio, la Cancillería Panameña comunicó al país, que desde el día 30 de abril del 2019, se encontraban en la sede de la Embajada de Panamá en Caracas, Venezuela, en calidad de huéspedes, 16 militares venezolanos, que participaron en los eventos de esa fecha".

Ambos militares, que estuvieron siete meses en la embajada, dijeron que con el paso de los años se sentían más frustrados ante la crisis económica del país. "Nadie lo vio venir, pero todos se comprometieron de inmediato".

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Agrega Soto: "Estaba la mesa servida para que el país tuviera una transición pacífica". Tanto Moreno como Padrino han reiterado reiteradamente su lealtad a Maduro.

En la confusión que siguió a la fallida rebelión, los militares buscaron protección sacándose sus uniformes y tocando las puertas, inicialmente sin respuesta, de varias embajadas.

En medio del caos, López llamó por teléfono al entonces presidente panameño, Juan Carlos Varela, quien inmediatamente abrazó su causa y organizó su entrada segura a la embajada.

"No podíamos dejarlos solos", dijo Varela en una entrevista. El Sebin estaba a tres metros de la puerta.

La embajada, en un edificio de gran altura ocupado por empresas estatales y contratistas gubernamentales bien conectados, se convertiría en su hogar improvisado durante los próximos siete meses.

Mientras estaban confinados, los 16 guardias trabajaron duro para mantener su disciplina militar. A fin de no molestar al personal diplomático, decidieron dormir de día, en delgados colchones en una pequeña habitación. Y de noche, cuando los empleados se iban a sus casas, cocinaban con una pequeña hornilla, hacían ejercicios con pesas improvisadas a partir de botellones de agua y leían textos religiosos en círculo.