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Liga Árabe condena decisión de Trump sobre Jerusalén

Liga Árabe condena decisión de Trump sobre Jerusalén

Más allá del estupor causado por la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital israelí e iniciar los trámites para el traslado de su embajada, cabe preguntar por sus causas y posibles consecuencias.

"Jerusalén es la capital de Israel".

Esa irrefutable realidad ha persistido en las accidentadas e inciertas negociaciones de paz entre Israel y los palestinos, aunque si para estos últimos es un imperativo además de histórico y feérico para mantener el corredor Este como la capital de su Estado, para Tel Aviv es además un objetivo militar y psicológico central de su política expansionista caracterizada por los territorios árabes ocupados, la colonización de esas áreas, y su bestial desarrollo armamentismo, incluido el nuclear.

En la declaración adelantada por la Sociedad de Rehenes Palestinos se transmitió que el número de palestinos detenidos por las fuerzas israelíes a lo largo del territorio palestino ocupado llegó a 200 desde el anuncio de Trump.

Una intifada, palabra proveniente del árabe que significa agitación o levantamiento, es una rebelión palestina de pobladores de Cisjordania y la Franja de Gaza contra Israel.

Detenido murió al interior de carro de traslado de imputados de Carabineros
Y el general agregó: " presumimos que se trató de una situación de descompensación, algún tipo de estado de salud previo ".

"En Gaza hay 21 personas heridas por fuego real, balas de acero recubiertas de caucho y gas lacrimógeno, que necesitaron asistencia hospitalaria", detalló el Ministerio de Sanidad.

Cuatro policías israelíes resultaron heridos y 13 manifestantes detenidos, según un comunicado. "Porque reconocer la realidad es la sustancia de la paz, es el fundamento de la paz", afirmó Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. La complicidad activa o pasiva de los Estados Unidos con Israel, a pesar de la fábula del "proceso de paz", no es nueva y, sin evidentemente admitir la política de lo peor, el arbitraje del presidente de los Estados Unidos tiene, paradójicamente, el mérito de contribuir a disipar ciertas tenaces ilusiones.

Sus antecedentes más remotos datan de 1947 -poco antes de la traición británica a árabes palestinos concretada en 1948 cuando entregaron parte de Palestina a Israel, incluida Jerusalén- año en que la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 181 para la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe, que el acuerdo de Balfour echó por tierra. En su lugar, debe leerse como un intento por congraciarse con el judaísmo ortodoxo, y con los evangélicos y la derecha religiosa republicana, que están entre las decrecientes bases de apoyo del presidente estadounidense.

Hamas postergó el traspaso de la responsabilidad en materia de impuestos y tasas con el argumento de que la Autoridad Palestina no pagó los salarios de empleados de Hamas tal como se había acordado.